LA FIESTA MÁS DESCEREBRADA DE IBIZA

(Por Pablo Burgués)

Mi post de la semana pasada (que si no lo has leído aún ya lo estás leyendo aquí o te rompo la cara) terminó con una inquietante y velluda pregunta: ¿A qué díscolo personaje del siglo XX perteneció este pechito de palomo?

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Respuesta:

A: Farrokh Bulsara

B: Angela Merkel

C: Freddie Mercury

D: La A y la C son correctas

Pues no amigas, para vuestra sorpresa os diré que la opción correcta NO es la B, sino la D. Y no, no es que Freddie Mercury al morir donara su prodigioso y sobrehumano pechumen a la ciencia y este fuera trasplantado a otro barbilampiño ser llamado Farrokh Bulsara, sino que ambas personas eran en realidad la misma. ¿Cómo te quedas?. Te cuento…

Farrokh Bulsara nació en la isla de Zanzíbar (Tanzania) el 5 de septiembre de 1946 a la edad de 0 años. A pesar de que las malas lenguas afirman que la criatura nació con bigote y mallas no hay material gráfico fiable que confirme esta teoría. Lo que sí está más que confirmado es que sus padres eran emigrantes indios parsis. La religión parsi, es una religión igual de aburrida que cualquier otra, pero eso sí, sus funerales dejan a The Walking Death a la altura de Peppa Pig.

Al parecer los parsis son unos seres súper concienciados con el medio ambiente, una especie de Greenpeace del mundo religioso y de ahí que no entierren a los muertos en el suelo porque eso contaminaría el elemento tierra. Tampoco les hace mucha gracia lo de quemar a los difuntos porque esto ensuciaría el elemento aire. Y por supuesto no ven con buenos ojos lo de lanzar a sus difuntos al rio ya que esto pondría perdido el elemento agua. ¿Entonces qué coño hace esta gente para deshacerse de todos aquellos que palman?. Pues muy sencillo, depositan los cuerpos en lo alto de unas construcciones llamadas Torres del silencio para que los cadáveres de sus seres queridos se pudran al sol y después sean devorados por los buitres. TE JURO QUE TODO ESTO ES VERDAD!!! Si no me crees te invito a que pongas en google “torres del silencio parsi” y podrás ver unas fotos muy apetecibles y educativas que confirman mis palabras.

Bueno a lo que estamos… El joven Farrokh Bulsara siempre fue un adelantado a su época hasta el punto de que en 1954, al cumplir 8 años, pidió a sus padres como regalo el Fifa18. Su madre, pensando que les estaba vacilando, le dio un collejón que le sacó toda la piñata para afuera y acto seguido lo mandaron a estudiar interno a una colegio de Bombay. Fue allí donde sus compañeros de clase empezaron a llamarle Freddie (“el niño castor” en indio). TE JURO QUE (casi) TODO ESTO ES VERDAD!!!

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En 1964 la familia Bursara se mudó a vivir a Londres y en 1970 su hijo Freddie montó junto a otros tres melenudos la banda Queen. Una de sus primeras canciones fue My Fairy King, en la que había un verso que decía “Mother Mercury, look what they’ve done to me”. Aquella frase puso a Freddie Bursara tan palote que le dijo a todo el mundo que a partir de ese momento lo llamaran Freddie Mercury (“Alfredito Mercurio” en castellano).

(continuará…)

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Los cagones y los descerebrados

(Por Pablo Burgués)

Mi abuelo que era un hombre del renacimiento, tremendamente sensible y un apasionado de la poesía, me dijo un día una bella y delicada frase que nunca olvidaré: “Muchacho, en esta vida solo hay dos clases de personas: los cagones y los descerebraos”.

Según esta elaborada, aunque poco contrastada teoría, “los cagones” serían todas aquellas personas que ven la vida como una carrera de fondo y por lo tanto parecen pasar por este mundo con el freno de mano puesto. Es gente a la que no le gusta arriesgar y se conforman con lograr un bienestar vital moderado siempre y cuando este sea duradero en el tiempo. De ahí que estos sujetos suelan invertir todos sus esfuerzos y dinero en valores a largo plazo como la familia, el amor, el trabajo, el Atlético de Madrid… Los seguidores de esta escuela filosófica son muy fáciles de reconocer ya que se visten de arriba abajo del Decathlon, beben Aquarius y nunca pero nunca se comen el borde de las pizzas.

Del otro lado estarían “los descerebraos”. Esta corriente de pensamiento englobaría a todos aquellos que viven por y para el placer del ahora. Este planteamiento existencial se debe en gran medida a que creen que la muerte es algo que les va a sorprender más pronto que tarde, así que para lo que me queda en el convento me cago dentro. Pese a ser animales libres, vitales y díscolos, suelen presentar importantes cuadros de arrepentimiento agudo ya que siempre se dejan llevar por aquello que les pide el cuerpo sin pensar en las consecuencias. Estos sujetos son muy fáciles de reconocer ya que llevan un brazo entero tatuado con carpas japonesas, el cual se hicieron para tapar otro tatuaje tribal que se hicieron con 20 años, que a su vez se lo hicieron para borrar el nombre de su ex mujer/hombre de su vida.

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¿Y por qué os cuento todo esto?. Pues porque hoy quiero hablaros del personaje que en mi humilde opinión fue el mayor descerebrado del siglo XX, o lo que es lo mismo, el tío más disfrutón all around the world. No amigas, no estoy hablando de Hugh Hefner, ni de Jesús Gil y Gil, sino de un señorín de bigote nacido en 1946 en la isla de Zanzíbar y que el 5 de septiembre de 1987 celebró su 41 cumpleaños en Ibiza. La celebración fue un auténtico desmadre, hasta el punto de que a día de hoy se sigue considerando aquella fiesta como la más loca de la historia de la isla… Y decir eso en la isla de las fiestas te aseguro que no es moco de pavo.

¿Qué de quién estoy hablando?. Pues sintiéndolo mucho tendrás que esperar hasta la semana que viene para saberlo, pero te daré una pista: tenía la boca llena de dientes y ostenta el Record Guinness de “la persona con el pelo del pecho más lozano y rectilíneo desde que hay mediciones”.

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Serengueti, el amigo de los animales

(Por Pablo Burgués)

Hace unos meses un servidor de ustedes estaba tomándose un refrescante mojito en la terraza del hotel Marina Playa, en la bahía de San Antonio, cuando como caído del mismísimo cielo apareció frente a mí una especie de mesías del siglo XXI al que rápidamente apodé con el sugerente sobrenombre de Serengueti.

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A pesar de tener unos 70 años, el tipo era un espíritu joven y libre de tal magnitud, que nada más entrar en el local todos los presentes sentimos al unísono la irrefrenable necesidad de giramos hacia él atraídos por su tremendo magnetismo animal. Y nunca mejor dicho, porque el muy atrevido iba vestido con botas de serpiente, pantalón de cebra, camisa de tigre y sombrero de cocodrilo. 

Nada más verlo supe que Serengueti y yo estábamos hechos el uno para el otro, y que fuera cual fuera su historia, él necesitaba contarla y yo necesitaba conocerla. Así que usando la técnica del ñu herido fui arrastrándome por la barra acercándome poco a poco a él, esperando que su instinto de depredador le hiciese abalanzarse sobre mí. Y así fue, a los 3 minutos de llegar ya estábamos los dos juntos tomándonos una cerveza.

Tras las presentaciones pertinentes y para romper el hielo decidí tirar de sarcasmo y le pregunté si le gustaban los zoológicos. No sé muy bien si no pilló mi humor o si por el contrario lo pilló al vuelo pero su respuesta fue una jodida obra maestra: “yo odio los putos zoos chaval, en esos sitios de mierda los bichos no tienen espacio suficiente y no están cómodos”. Claro, pensé, los bichos estarían mucho más holgados y cómodos todos puestos por encima suyo o en su armario.

Serengueti me dijo que era escocés pero que llevaba viviendo en Ibiza más de 40 años. ¿Entonces habla español?, le pregunté, a lo que me respondió con un rotundo “yes man”, y tras cinco segundos de incómodo silencio continuó hablando en inglés. Por lo visto el tipo era un enamorado del submarinismo y por eso decidió venirse a vivir al Mediterráneo, sin embargo se quejaba de que la isla ya no era como antes: “El turismo y los grandes yates han jodido los fondos marinos y es por su culpa que ya no quedan aquí tortugas ni tiburones”. Nada más terminar la frase el tío me enseñó una pulsera de carey que adornaba su muñeca izquierda y acto seguido, como fin de fiesta, se desabrochó dos botones de su camisa y me mostró un collar de cuero del que colgaba un enorme diente de tiburón.

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Me habría encantado seguir toda mi vida charlando con aquel prototipo de ser humano, pero su ya de por si impenetrable inglés con acento escocés se puso del todo ininteligible después de beberse el quinto mezcal (todos ellos con gusano incluido por supuesto). Además el señor se fue poniendo cada vez más macarra y ya solo se comunicaba con frases en las que había más fuckings que vocales, así que amablemente me despedí y me marché antes de que Serengueti se pusiese en modo peletero y decidiera hacer conmigo una gorra y un chaleco.

 

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LA CASA DE LUKE SKYWALKER EN IBIZA

(Por Pablo Burgués)

Tras un año y medio repitiendo en cada reunión de amigotes la mítica y engañosa frase “de esta semana no pasa que vayamos” (seguida de la no menos peligrosa y cargada de veneno “no os preocupéis chicos que yo mañana por la mañana sin falta llamo y reservo”), ayer por fin de los por fines conseguí ir con un par de colegas a visitar la casa de verano de Luke Skywalker, o lo que es lo mismo, el observatorio Astronómico de Puig del Molins en Ibiza.

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¿Que qué tal estuvo la visita?. Pues horrible oiga, de hecho puedo prometer y prometo que no me vuelven a ver el pelo por allí nunca jamás de los jamases. A ver, me explico. La visita fue muy interesante, los guías son muy majos y además las instalaciones cuentan con un súper telescopio Rocco Siffredi Size desde el que puedes ver los anillos de Júpiter, los confines de la vía láctea y hasta el ojo de Sauron.

Hasta aquí todo bien, pero el problema viene después de la visita, cuando tras comprobar de primera mano la descomunal inmensidad del cielo te das cuenta de que la tierra es una mierdecilla insignificante y por tanto el ser humano es poco menos que el liquidillo de contenedor del universo. Este esperanzador pensamiento existencial nos lleva a una conclusión aún más esperanzadora: la vida, al igual que las noticias de Antena 3, no tienen ningún puto sentido señora.

Vale, está claro que no todo el mundo sale con tanto optimismo de un observatorio astronómico como yo, pero que le voy a hacer, soy el típico flipao que después de ver la película de las tortugas ninja sale a la calle dando patadas al aire y de ahí que al salir de ver las oscuras tripas de nuestra galaxia solo me faltara comprarme una silla de ruedas y un vocoder para creerme Stephen Hawking.

En fin, que en mi favor he de decir que no soy el único homínido que tiene bajonas existencialistas y que desde que el mundo es mundo el ser humano ha tratado una y otra vez de buscar un sentido a todo este sin sentido.

Para muchos la respuesta está en abrazar la fe de Dios, que visto desde fuera consiste principalmente en decir “no” a un montón de cosas la mar de ricas que te ofrece esta efímera vida con la esperanza de obtener así alegría y confort a raudales en la eterna vida próxima. Vamos, lo que en el mundo financiero se conoce como inversión de riesgo, doble o nada, susto o muerte.

Otras personas mucho menos kamikazes deciden no especular con el premio gordo del incierto más allá y se conforman con pequeñas pedreas a corto plazo en el tangible más acá. La máxima de este grupo de cobardes inversores podría ser “más vale pájaro en mano que Mahoma, Buda y Jesucristo volando”.

Y básicamente esto es todo lo que tengo que decir sobre mi visita al Observatorio Astronómico de Puig del Molins... Ya, ya se lo que estás pensando listillo, pero para tu información te diré que de vuelta a casa me hicieron soplar en un control de la Guardia Civil y di negativo en casi todo, así que te estás equivocando bastante conmigo chaval.

 

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¿NACIÓ ANIBAL EN IBIZA? (2ªPARTE)

(Por Pablo Burgués)

Como ya te empecé a contar en el post anterior (que puedes leer Aquí), existe un grupo de simpáticos seres humanos que aseguran que Aníbal Barca, el famoso estratega militar que cruzó los Alpes en elefante con el loable objetivo de hinchar a los romanos a bofetones, no era cartaginés sino ibicenco. Pues bien, los defensores de esta arriesgada teoría se dividen en dos sub-grupos: los muy atrevidos que dicen que el zagal nació en Ibiza por una mera casualidad marítimo climatológica y los muy muy mucho atrevidos de Dios y olé que aseguran que no es que el muchacho naciera aquí por una jugarreta de azar, sino porque toda su familia all together now era payesa. Esta segunda versión es la que nos va a ocupar en el día de hoy y dice tal que así:

La familia Barca llevaba viviendo en la Ibiza exactamente la ostia de tiempo, tanto que cuando sus antepasados pisaron la isla por primera vez la discoteca DC-10 se llamaba DC-VII (Lo sé, la broma es cutrísima pero estas mierdas me pueden… No volverá a pasar).

Bueno a lo que estamos, que Amílcar Barca, el cabeza de familia, estaba pocho de pasta y como muestra de su poderío se había construido un indecente “Can Soplón” con solárium, terrarium y una tremenda infinity acequia included. A pesar de que él afirmaba que toda su fortuna procedía de sus gloriosos años al frente del ejército cartaginés, las malas lenguas aseguraban que Amílcar no era trigo limpio y que todo su dinero se debía a la suerte del hijo tonto.

Según esta teoría, cuando antaño un hombre estaba cerca de quedarse muñeco y preparaba su testamento, lo normal era que le dejase las tierras del interior, más fértiles y ricas en nutrientes, a su hijo más inteligente y amado. El hijo tonto por su parte tenía que conformarse con las tierras junto a la playa, secas y baldías. Pero el siempre jocoso azar quiso que con el boom del turismo fueran los terrenos cercanos a la costa los que se dispararon de precio y esta es la razón por la que se dice que en las zonas costeras los ricos son los hijos tontos.

Yo no sé si Almícar Barca era un hijo muy listo a muy tonto, pero la verdad es que el tipo era dueño de toda playa de En Bossa, desde el Hard-rockum Hotelae hasta el Bora Borum. (Mierda, he vuelto a hacerlo… Humor de brocha gorda abandona este cuerpo!!!!!). Bueno resumiendo, que el hombre estaba pocho de sestercios y todo en la vida parecía sonreírle, más aún en aquella primavera del año 247 a.c. en la que su mujer le comunicó que estaban embarazados de su primer hijo al que llamarían Aníbal. Sin embargo había un pequeño detalle socio político que no dejaba a la familia dormir a tope limón.

Una tremenda sequía estaba azotando el mediterráneo y el populacho estaba exigiendo a sus gobernantes medidas urgentes para poner fin a aquella situación. Los políticos de la época, mucho más inteligentes y razonables si cabe que los de hoy en día, no tardaron en encontrar una democrática y sensata solución al problema: degollar a los hijos primogénitos de las familias ricas. Según todos los asesores del gobierno este sacrificio de sangre haría que los dioses se pusieran súper contentos y como agradecimiento traerían de vuelta la ansiada lluvia.

Pero el aguerrido Amílcar Barca, a pesar de ser un demócrata convencido no estaba muy por la labor de que dieran matarile a su hijo, así que cuando su mujer estaba a punto de parir se subieron a un barco y se escaparon a la isla de Sa Conillera (costa noroeste de Ibiza). Y allí en un fría cueva nació Aníbal.

Los meses siguientes fueron muy convulsos ya que las familias ricas comenzaron a manifestarse en contra de la salvaje medida llevada a cabo por el gobierno para frenar la sequía. Los políticos no tardaron en reconocer su error y tras declarar inconstitucional y salvaje el sacrificio de niños ricos decidieron sustituir la medida por otra mucho más sensata y humana: sacrificar a los primogénitos de hijos de los esclavos.

Esta medida propició la vuelta de la familia Barca a Ibiza e hizo posible que el joven Aníbal creciera fuerte y sano y pudiera más tarde conquistar a golpe de vara media Europa.

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¿Nació Anibal en Ibiza?

Ibiza, año 195 a.c.

Fragmento extraído de la conversación entre Flavia Agripina Tur y su vecina Octavia Tercia Marí en la peluquería “Rizos Rizae Rizum” de Santa Eulària des Riu. Ibiza:

             – Uy, uy, uy, Octavia Tercia, por la gloria de Zeus de lo que me acabo de enterar…

             – ¡Cuéntame Flavia Agripina, no me tengas más en vilo!

             – Pues resulta que me acaban de contar que Aníbal nació en Las Pitiusas.

             – ¿Aníbal Smith, el canoso del Equipo A?

             – Pero qué Equipo A, ni qué niño muerto. El otro Aníbal, el salvaje ese que tenía acojonado a medio mundo…

             – ¡No me digas qué Aníbal Lecter era payés!

             – Oh gran Júpiter, dame paciencia… ¡ Aníbal Barca mujer, el loco ese que cruzó loS Alpes en elefante!

             – Ahhhh, haber empezado por ahí. ¿El cuñado de Asdrubal “El bello”?.

             – Ese mismo.

             – Fíjate tú, tanto que se le llenaba la boca a la abuela diciendo que el niño había nacido en los barrios altos de Cartago…

             – Ni el Cartago, ni la Cartaga, en la isla de Conejera nació el muchacho.

             – Pues si te digo la verdad, no me sorprende nada lo que me dices. A mí la familia Barca esa siempre me han parecido un atajo de muertos de hambre.

Pues si amigas, al igual que algunos divertidos e intrépidos historiadores catalanes aseguran que Barcelona es la auténtica cuna de Cristóbal Colón, otro aguerrido grupo de simpáticos ibicencos con gafas aseguran que Aníbal Barcael mejor estratega militar de todos los tiempos después de Kim Jong-unnació en nuestra querida isla blanca.

kim-jong-un-photoshop-battle-fb__700-pngSegún esta teoría los acontecimientos sucedieron más o menos así: Corría el año 247 a.c cuando el patriarca de la familia Barca, llamado Amílcar, decidió que era el momento de un cambio de aires. Los Barca llevaban siglos viviendo en Cartago (norte de Túnez) pero la cosa por allí se estaba poniendo bastante chunga políticamente hablando, lo que unido al hecho de no tener un Mercadona ni un Primark a 2.000 años a la redonda, hizo que el clan tomara la dura decisión de cruzar el mediterráneo en busca de un futuro más halagüeño para el nuevo hijo que les venía en camino. Así que una fría noche de invierno metieron todas sus pertenencias en un barco y zarparon en dirección a la península ibérica.

Pero no tan rápido amigas, porque Poseidón, que además de rey de los mares siempre ha sido un tipo bastante toca pelotas, les tenía preparada una sorpresita en forma de tremendo temporal. Las enorme olas y el fuerte viento hicieron que la embarcación se fuera a la deriva. Y tras varias horas luchando contra los elementos, el experimentado capitán consiguió atracar la nave en una pequeña cala en la illa de Sa Conillera, al noreste de la costa Ibicenca.

Entre el susto, los vaivenes y lo avanzado de su embarazo, la abnegada esposa de Amílcar estaba ya que se paría encima, así que esa misma noche sin más dilación (o mejor dicho sin más dilatación), la señora alumbró en una cueva de la isla al pequeño Aníbal. Y colorín colorado, esta es la azarosa pero irrefutable razón dada por algunos señores y señoras para afirmar que el a priori general cartaginés en realidad siempre ha sido, es y será más pitiuso que Es Vedrà.

ANIBAL¿Cómo?, ¿que esta te parece una teoría poco sólida, nada contrastada y un poco mierdosa?. Pues no habéis oído aún nada majos… Os diré que hay una segunda versión de la historia mucho más hard core y atrevida que esta, según la cual, el verdadero nombre de Anibal debería ser Vicent Aníbal Tur Marí… Pero eso te lo contaré la próxima semana.

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Ibiza, ¿la nueva Australia?

Siempre he sido una persona bastante soñadora… que es la manera fina de decir que siempre he sido un inmaduro de cojones. Como ejemplo de esta innata y poco loable cualidad de mi personalidad, te contaré un secreto: hasta bien pasados los 20 años, un servidor de usted estaba convencido de que la cecina de León (la noble y amable comunidad autónoma) era en realidad de león (el no menos noble aunque no tan amable rey de la selva).

Vale, reconozco que en este caso más que decir “siempre he sido una persona bastante soñadora” debería haber dicho “siempre he sido una persona bastante corta”. Pero coño, yo era joven e inocente y aquella cecina tan oscura, dura y ahumada que me parecía una carne la mar de exótica, mucho más propia de la temible garra de un fiero león africano abatido a lanza por la tribu Mursi, que una carne procedente de la anodina pata trasera de una inofensiva vaca lechera del Bierzo.

img_5323-001 copiaCuando me de mi cuenta de mi craso error comencé a realizar una profunda revisión de mis creencias geográfico-alimenticias y con asombro y tristeza descubrí que ni el jamón de York se hace en Nueva York ni el vino se extrae de las minas de Rio Tinto (Huelva).

Pero bueno, dejemos de hablar de mí y pasemos a hablar de otros maravillosos seres cuya visión del mundo y los simpáticos objetos que en ella habitan es diez mil veces más retorcida y surrealista que la mía: los fabricantes de souvenirs (redoble de tambores, golpe de platillo y algarabía general).

Joder negro, esa gente sí que son auténticos espíritus libres, artistas globales dispuestos a reinventar la realidad que les rodea sin hacer caso del yugo opresor que suponen las barreras históricas, geográficas y culturales… Que es la manera fina de decir que a estos señores les suda el culo todo pero bien. Y como muestra de ello os traigo una delicada selección de piezas decorativas que no me digas como, un genio comercial ha conseguido colocarles a las tiendas de souvenirs de Ibiza.

El tiburón blanco

tiburonOk, hagamos un ejercicio de abstracción y olvidémonos por un momento del delirio cromático y de perspectiva de esta cosa para centrarnos plenamente en su atrevido mensaje: ¿Un tiburón blanco como recuerdo de Ibiza?. Oiga, lo más parecido al ataque de un escualo que puede verse hoy en día por las Pitiusas es a un italiano ciclado metiendo cuello a una guiri borracha en la pista de Amnesia.

El bumerán

IMG_0265¿Es cierto lo que ven mis ojos?. ¡Pero hombre por Dios, un ornitorrinco disfrazado de legionaria es más representativo de la cultura payesa que esto!.

Paraíso surfer

IMG_0286¿Una furgoneta con tablas de surf en el techo “Authentic Ibiza”? Claro que sí hombre, de todos es sabido que las 3 olas más famosas del mundo son las izquierdas de Uluwatu en Bali, las derechas de Mavericks en California y las rectas todo palante del tobogán del parque acuático Aguamar en playa d’en Bossa.

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