Cristo, Lucifer y la médium de mascotas (3ª parte)

(Por Pablo Burgués)

Oh, grácil lector! Con tu gran sabiduría y sapiencia ya habrás deducido por ti solito que si este post se llama “Cristo, Lucifer y la médium de mascotas (3ª parte)” es porque hay muchas posibilidades de que existan dos publicaciones previas a él. Pues bien, si eres una persona hecha y derecha que se viste por los pies, ya habrás leído esas entradas anteriores, o bien vas a hacerlo ahorita mismo pinchando Aquí. Si por el contrario eres una rata de dos patas de esas a las que siempre les gusta más la película que el libro, a continuación te haré un resumen de lo sucedido:58 copia(Musiquita de Juego de Tronos de fondo) Tras varios años viviendo en Ibiza, Cristo Lombardi decide volver a su Italia natal. Pero cuando solo quedan 5 días para su vuelo Roma, su amado gato Lucifer desaparece. Para encontrarlo contrata los servicios de Oda Mae, una médium de mascotas ibicenca de vacaciones en Hawaii. Oda contacta telepáticamente con el animal y este le dice que está encerrado en un lugar cerca de la casa de su amo. Cristo peina el barrio de arriba abajo en busca de su mascota sin éxito…

Capítulo 3 (y final)

Cuando tan solo quedaban 48 horas para que Cristo tomara el avión que lo separaría para siempre de su querido Lucifer, Oda Mae envía un nuevo y enigmático mensaje: “Veo algo verde junto al gato… busca un lugar con algo verde”.

Nada más leer aquel mensaje Cristo se acordó de una villa cercana que tiene una gran caseta de madera verde en el jardín. Sin perder un segundo salió corriendo hacia aquella casa y una vez allí llamó insistentemente al timbre. Nadie respondió al telefonillo así que dedujo que la casa estaba vacía y sin pensarlo dos veces comenzó a trepar por la valla del jardín. Una vez dentro fue directo hacia la caseta verde y al llegar a ella comenzó a golpear la puerta al tiempo que gritaba: “¿Lucifer estás ahí?”. Pero el gato tampoco estaba allí. Cabizbajo y vencido decidió marcharse.

Pero cuando estaba saltando de nuevo la valla para salir del jardín un sudor frio recorrió su espalda… No podía ser cierto lo que estaban viendo sus ojos… Fuera de la casa había otra cosa verde esperándolo, pero esta vez con cuatro ruedas: un Patrol de la guardia civil. Al parecer una vecina había escuchado los gritos de Cristo llamando a Lucifer y asustada había llamado al 112 diciendo que en el jardín de al lado se estaban practicando ritos satánicos.

Juro que si algún día me encuentro una lámpara maravillosa y me concede tres deseos, estos serán… Bueno los dos primeros no los puedo contar porque estamos en horario infantil… Pero el tercero si: poder viajar atrás en el tiempo para ver la cara de aquella pareja de guardias civiles, mientras escuchan a un tipo llamado Cristo decir que se ha colado en una propiedad privada porque una médium de mascotas, que está en Hawaii, le ha dicho que Lucifer estaba encerrado junto a algo verde. Fuck Yeah! disfraz-guardia-civil-bebe-perro copiaComo no podía ser de otras manera, Cristo durmió en comisaría donde se le realizaron todo tipo de test psicológicos y de consumo de estupefacientes (que contra todo pronóstico dieron negativo). A la mañana siguiente, una vez comprobado que el sospechoso no era peligroso, sino un tolai de campeonato, los agentes lo dejaron marchar. De camino a casa, avergonzado y muy cabreado no pudo evitar coger el móvil y escribir un mensaje a Oda Mae poniéndola (como no podía ser de otra manera) verde.

Y así, con pena y sin gloria, llegó el día en el que Cristo debía volar a Italia abandonando para siempre en Ibiza a su amado gato. Pero cuando se disponía a salir de su casa camino del aeropuerto escuchó un lejano pero inconfundible maullido que venia del exterior. Como un perro sabueso siguió aquel sonido que le condujo hasta una esquina de su jardín completamente cubierta por la hiedra. Los maullidos eran cada vez más nítido, no cabía duda de que provenían de detrás de aquella maleza. Cristo comenzó a arrancar todas aquellas ramas y hojas con sus manos. Sorprendido descubrió que escondido tras ellas había un viejo armario de plástico, de esos grandes que se usan para guardar útiles de jardinería.

Cuando finalmente consiguió abrir las puertas del misterioso armario una lágrima se escapó de sus ojos… aunque no está claro si era una lágrima de alegría o de terror… Allí estaba su querido Lucifer sano y salvo, tranquilamente tumbado sobre dos enormes cojines de Heineken verdes.HEI

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CRISTO, LUCIFER Y LA MÉDIUM DE MASCOTAS (2ª PARTE)

(Por Pablo Burgués)

Hola amigas, tras el coitus interruptus literario al que os sometí la semana pasada (el cual podéis volver a leer aquí), allá va la segunda parte de la historia sobre Cristo, Lucifer y la médium de mascotas. Dice así:

Tras varios años viviendo en Ibiza, Cristo Lombardi decidió que era hora de hacer sus maletas y regresar a su Italia natal. Así que dejó su trabajo, llamó a su casero para decirle que dejaba la casa donde vivía, vendió su moto y compró un billete de avión a Roma para él y otro para su gato Lucifer. Pero cuando tan solo faltaban 5 días para abandonar la isla, su queridísimo minino desapareció.

Cristo buscó al animal por todos los rincones de su casa y los alrededores de esta sin éxito. También pegó varios carteles por el vecindario con la foto del gato y un titular cuando menos impactante: “Se busca a Lucifer”. Pero los días iban pasando y no tenía ninguna noticias del dulce animalito.

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Cristo estaba desesperado ya que solo quedaban 3 días para su vuelo a Italia y la sola idea de tener que abandonar Ibiza sin su gato le partía el corazón. Entonces un amigo le comentó que en la isla había una misteriosa mujer que podía ayudarle: La médium demascotas. Al parecer esta señora (a la que llamaré Oda Mae) ayudó al primo del cuñado del vecino de la abuela de no se quién de un pueblo de al lado a encontrar a su perro. ¿o era un periquito?. Bueno, da igual, la cosa es que con unas referencias tan certeras la profesionalidad y fiabilidad de la señora quedaban más que contrastadas.

La educación judeocristiana apostólica y romana recibida por Cristo le decía que aquella tipa tenía todas las papeletas para ser una auténtica mamarracha. Sin embargo su exasperación era tal que decidió llamarla para ver que podía contarle. Y lo primero que le contó es que ella no estaba ahora en Ibiza, sino en Hawaii…

Cristo pensó que los 13.000km que les separaban harían imposible que ella le ayudara en la búsqueda de su mascota, pero nada más lejos de la realidad… Oda Mae es una médium del siglo XXI, una pitunisa 3.0, una geek de lo oculto y como tal le bastaron 7 palabras para solucionar aquel kilométrico problema: “Mándame una foto del gato por WhatsApp”. Eso es todo lo que ella necesitaba para contactar telepáticamente con el animal. Bueno, eso y un pago de tres dígitos a su cuenta bancaria.

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Una vez enviada la foto y el dinerito, Cristo recibió un mensaje: “Lucifer está atrapado. No puede salir del sitio donde está pero está muy tranquilo porque el lugar le resultar familiar. Busca cerca de tu casa”. Cristo salió a la calle y peinó el barrio de arriba abajo; miró dentro de cada cubo de basura, debajo de cada coches y habló con todos los vecinos que encontró en su camino… Pero tras varias horas de rastreo, no encontró ni rastro del gato.

Al día siguiente Oda Mae envió otro mensaje: “Debes darte prisa, Lucifer empieza a estar muy nervioso por la falta de comida y agua”. Y un dato más: “Veo algo verde junto al gato, busca un lugar con algo verde”. Cristo salió a todo correr de su casa tratando de encontrar aquella cosa verde que tenía encerrado a su pobre gatito… pero en lugar de eso encontró otra cosa, por cierto también verde que estuvo a punto de encerrarlo a él de por vida.

Continuará…

CRISTO, LUCIFER Y LA MÉDIUM DE MASCOTAS

(Por Pablo Burgués)

Hace unas semanas leí una noticia que no hizo más que ratificar mis sospechas de que la raza humana no sólo va hacia la extinción, sino que además se lo merece: Miley Cyrus contrata a una médium de animales para comunicarse con su difunto perro Floyd”. ¿Cómo te quedas?. Parecer ser que la exitosa cantanta estaba lejos de su hogar cuando su querido can murió así que no tuvo la oportunidad de despedirse de él como a ella le hubiese gustado.

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Para aplacar el tremendo dolor por la pérdida de su peludo amigo, la artista antes conocida como Hannah Montana hizo lo que cualquier mortal haría: encargar una descomunal réplica hiperrealista de su amado husky siberiano y llevárselo de gira por todo Estados Unidos… Sin embargo, parece ser que 20 metros de perro no fueron suficientes para tapar el enorme agujero que la marcha de Floyd había dejado en su corazón.

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Trascurridas varios meses del fatal suceso, ya más centradita, Miley encontró una manera mucho más adulta y sensata de decir adiós a su perro: contratar a una Celebrity Pet Psychic (Pitonisa Lola de animales para los que no hablan inglés) que la pusiese en contacto con el espíritu de Floyd. El ser humano elegido para realizar este vis a vis con el otro mundo fue Melissa Bacelar, una profesional versátil que además de hablar con todo tipo de bichos muertos dice ser modelo, productora y actriz. Pero las virtudes de esta mujer del renacimiento no terminan aquí, sino que también tiene grandes dotes para la taxidermia a juzgar por el trabajo fino realizado con el perro de la foto.

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La historia me voló tanto la cabeza que no pude por menos que ponerme a buscar información en Internet. Flipé muy mucho cuando comprobé la cantidad de webs que ofertan este tipo de servicios, pero flipé muy muy mucho más cuando vi las tarifas roaming aplicables a una conferencia con el más allá… Lo dicho amigas, haced las maletas porque la raza humana se dirige inexorablemente hacia la extinción.

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Hace unos días salí a tomar algo con unos colegas a la terraza Aperture de Sant Antoni Portmany (Ibiza). Después de un par (o tres) de revitalizantes Gin Tonics me vine arriba y conté con pelos y señales la disparatada noticia que había leído unas semanas antes. Para asegurar el aplauso de crítica y público, rubriqué mi documentado relato con una frase estelar que nunca falla: “esto solo puede pasar en Estados Unidos de América”. Pero para mi sorpresa uno de los presentes soltó la única frase del mundo capaz de refutar mi a priori irrefutable afirmación: “Bueno, esto solo puede pasar en Estados Unidos de América y en Ibiza”.

Se hizo el silencio y todos giramos nuestras orejas hacia él, quién aprovechó aquel momento de atención máxima para contarnos la loquísima historia de la médium ibicenca que ayudó a Cristo (su ex compañero de piso) a encontrar a su Lucifer (su lindo gatito).

¿La historia promete verdad?. Pues sintiéndolo mucho os digo que tendréis que esperar a la próxima semana para escucharla. Bueno amigas, tampoco os enfadéis así conmigo… Ya sé que es una putada que te dejen a medias, pero vuestros novios lo hacen constantemente y aun así los seguís queriendo. ;)

Avistamiento hippie en Ibiza (3ª parte)

(Por Pablo Burgués)

Hola amigas, aquí va la tercera y última entrega de mi encuentro con unos maravillosos seres que se hacen llamar “los últimos hippies de Ibiza”. Si alguna de vosotras no leyó las dos entregas anteriores puede hacerlo pinchando aquí. Y que sepáis que si no lo hacéis un inocente perro morsa morirán. Luego no digáis que no os lo advertí…

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Como te iba diciendo… En la cueva del mirador de Es Vedrá donde viven los hippies conocí a un amigo de Pitidos al que llamaré Ouija. Se trata de un tipo encantador y la quinta esencia del hipismo: educado, amable, una enorme sonrisa en la boca y un gran abrazo siempre listo en la recámara. Nos sentamos sobre un viejo colchón que estaba a la entrada de la cueva y estuvimos un buen rato hablando sobre lo humano y lo divino. El tipo no paraba de toser así que le pregunté si estaba acatarrado. Tras un largo silencio salieron de su boca unas palabras que nunca olvidaré: “Hace un par de días estuve a punto de morir después de que me hiciera Vudú un ruso nazi”. ¿Ruso, nazi y Vudú en una misma frase?. Aquella combinación me parecía tan delirante y maravillosa que le pedí por favor que me contara esa historia sin omitir un solo detalle.

Parece ser que por Ibiza hay un ex-militar ruso que vive en la calle y que es bastante conflictivo. El tipo siempre viste con símbolos nazis y de un tiempo a esta parte no hace otra cosa que molestar a los hippies.

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Ouija me contó que unos días atrás el ruso nazi le había cagado dentro de la cueva. Le pregunté cómo sabía que había sido él y respondió que porque había cagado en forma de esvástica. Jajajajajaja vale esto me lo acabo de inventar pero es que habría sido una respuesta tan maravillosa que no he podido evitar incluirla en este relato. Su respuesta original fue que un amigo lo había visto merodeando por allí y después encontramos símbolos nazis y dibujos de vudú pintados en el bosque. “Él me metió el vudú dentro y días después me empecé a encontrar muy muy mal. Fui al hospital y me diagnosticaron Herpes Zoster”.

¿Herpes Zoster?. Aquello más que una enfermedad parecía el nombre de un grupo de death metal sueco. Ante mi cara de incredulidad al oír semejante historia Ouija me enseñó el informe médico que le habían hecho en el hospital. “Los médicos me dijeron que tenía que quedarme ingresado en el hospital varios días pero les dije que de eso nada, que me dieran lo más fuerte que tuvieran y que me marchaba”. Según el informe le dieron varias inyecciones de no sé qué y unas cuantas pastillas de morfina para el dolor. “No veas el colocón que te da la morfina. Del hospital me fui directo a bailar a la discoteca DC10”.

Era ya de noche cerrada así que le dije a Ouija que me tenía que marchar. Pero cuando nos estábamos despidiendo escuchamos unos pasos que se acercaban a la cueva… Se me cortó la respiración solo de pensar que aquellas pisadas podían ser del ruso nazi vudú que venía dispuesto a realizar sobre nosotros otra de sus obras de arte efímero anal… Volví a recuperar el aliento cuando descubrí que el misterioso personaje no era otro que Pitidos que venía a preguntarme si podía bajarlo en mi coche hasta Ibiza. “Esta noche va a hacer mucho frio aquí así que prefiero bajar a la ciudad y dormir en un cajero automático que tengo controlado”.

De camino a Ibiza Pitidos me habló de sus 33 años como árbitro de fútbol. “Yo he sido el único árbitro hippie del mundo” decía con orgullo. Al llegar a la ciudad me dijo que le dejara en un bar del centro porque antes de irse a dormir quería ver un apasionante Eibar Vs Osasuna de la copa del rey. Antes de bajar del coche, para sellar de manera solemne nuestra amistad,Pitidos abrió una cerveza de medio litro que llevaba en el bolsillo, levantó su brazo y gritó: “Por nosotros los hippies”. Se bebió media lata de un sorbo y después me dio un fuerte abrazo derramando la otra media sobre mi espalda y el asiento del coche. Lejos de disculparse Pitidos empezó a reirse a carcajadas y zanjó el tema con una colosal frase a medio camino entre trovador medieval, Indio Apache y maestro Jedi: “Tú no preocupar, la cerveza huella no dejar”.

FIN

Avistamiento hippie en Ibiza (2ª parte)

(Por Pablo Burgués)

Hola amigas, como os prometí la semana pasada aquí tenéis la segunda entrega de mi surrealista encuentro con el gran Pitidos, un hippie que se hace llamar “de los de verdad”. Si alguna de vosotras no leyó el post anterior puede hacerlo pinchando aquí. Y que sepáis que si no lo hacéis dos inocentes unicornios rosas morirán. Allá vosotras con vuestras conciencias…

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Como te iba diciendo… Al despedirme de Pitidos este me invitó a la hippie-cueva donde vive y yo le prometí por Jimi Hendrixque iría. Un par de semanas después decidí cumplir con mi promesa, así que cogí mi coche y me fui para allá. No recordaba bien la ubicación exacta del lugar pero sabía que era cerca del mirador de Es Vedrá. Una vez allí aparqué mi coche en el parking y me fui caminando por el sendero que conduce a la zona de los acantilados.

El lugar estaba lleno de gente: turistas, familias de picnic, un ejército de argentinos vendiendo empanadas, un tipo con un dron… Estaba claro que aquel no podía ser el remoto y tranquilo lugar donde me imaginaba viviendo a un hippie hecho y derecho. Así que decidí alejarme de allí e ir caminando en dirección a una antigua y solitaria torre de vigilancia que hay en lo alto de una colina cercana. Al llegar arriba vi unas viejas mantas tiradas en el suelo y restos de pequeñas hogueras. Aquello ya empezaba a parecerse más al hábitat del Hippie Ibérico. Como un perro de caza empecé a rastrear la zona en busca de algún pequeño sendero o una rama rota que me indicara el camino secreto hacia las cuevas. Pero tras un buen rato trepando entre rocas, los únicos restos humanos que encontré estaban en la parte de atrás de un árbol… Adheridos a varios trozos de papel de periódico….

El sol estaba ya bastante bajo así que decidí dar media vuelta y marcharme. Pero al llegar de nuevo al mirador, de entre la multitud vi aparecer la inconfundible figura de mi querido Pitidos. Rápidamente me abrí hueco entre la gente, me acerqué hasta él, lo llamé por su nombre y le tendí la mano. Él la estrechó con esa cara de nosequé, quéseyo que ponemos cuando no tenemos ni idea de quién diablos es ese sonriente ser que tenemos delante. En estos casos lo normal es disimilar tu laguna mental y hacer como si conocieras de toda la vida a esa persona. Pero los hippies tienen un don natural que les hace zanjar esos malentendidos de manera mucho más limpia y elegante que el resto de los mortales. Pitidos me miró a los ojos y sin pestañear me dijo: “No tengo ni puta idea de quién eres chaval, pero si quieres te enseño donde están la cueva donde vivimos nosotros los hippies”.

No quise romper la magia de aquella sincera declaración de amor con frías explicaciones sobre nuestra vieja amistad, así que me limité a decir que adelante, que estaba preparado para la gran caminata que nos llevaría desde aquel infernal tumulto hasta el remanso de paz donde viven los nobles hippies. Pitidos me miró con cara de “este tío es muy raro” al tiempo que con su curtido dedo índice señalaba hacia el lugar donde más turistas por metro cuadrado había de todo el mirador: “Ahí está nuestro hogar”.

Mi idea romántica de lugar perdido en el bosque se evaporó de golpe. Traté de acercarme a la cueva pero había tanta gente que decidí que mejor volvería otro día que aquello estuviera más tranquilo. Pero entonces sucedió algo mágico que hizo que aquel caos se convirtiera de golpe en un silencio sepulcral: Una gran bola de fuego en lento movimiento descendente acababa de posarse sobre el horizonte y poco a poco iba escondiéndose tras él. Como si de un estudiadísimo flashmob se tratase, todo el mundo sacó al unísono su teléfono móvil y comenzó a disparar fotos sin parar. El abuelo cebolleta que llevo dentro estuvo a punto de gritarles que aquella cosa roja se llama sol y que se pone todos los días del año en todos los sitios del mundo… Pero el ser humano es un animal cobarde y contradictorio amigas, así que en lugar de eso saqué mi móvil y me uní al grupo de intrépidos reporteros.

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Cuando la cosa roja esa se metió por completo en el horizonte todo el mundo se puso a aplaudir y a chillar y un minuto después todo el mundo desapareció del mirador. Yo aproveché aquel momento de paz para visitar la cueva.

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Hubo dos cosas que me llamaron rápidamente la atención; la primera que era muy pequeña y la segunda que he visto tiendas de los chinos con menos artículos por metro cuadrado que aquel lugar: fotos, banderas tibetanas, un esqueleto fumando, un peluche de la pantera rosa, una matrícula de Panamá, billetes falsos de 500€, cartas de amor manuscritas, velas, botellas vacías, collares… Más que una cueva, aquello parece el nido de una urraca con síndrome de Diógenes. Pero en su defensa he de decir que el lugar estaba extremadamente limpio y ordenado.

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De las profundidades de la cueva salió reptando un simpático hippie al que llamaré Ouija, quién tras las presentaciones oportunas me narró uno de los relatos más divertidos y delirantes que he escuchado en toda mi vida: La historia del ruso nazi que hace Vudú contra los hippies… Pero eso te lo contaré la próxima semana ;)

Avistamiento hippie en Ibiza

– Oh gran Pablo, tú que todo lo sabes (y si no te lo inventas) ¿podrías decirnos cómo empezó el rollo hippie en Ibiza?.

– Me encanta que me hagáis esa pregunta…

Pues bien amigas todo comenzó en San Francisco (U.S.A) en los díscolos años 60 cuando un pequeño grupo de jovenzuelos empezaron a rebelarse contra los viejos valores de la sociedad americana. Para terminar con el capitalismo, las injusticias sociales y las guerras, este movimiento proponía un nuevo paradigma basado en la paz, el respeto al medio ambiente, el amor libre y ya que estamos ponernos todos hasta el hojaldre de marihuana y LSD porque a nadie le amarga un dulce.

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Al estallar la guerra de Vietnam, muchos de estos jóvenes decidieron escapar de su divertido país para evitar así ser llamados a filas. A pesar de sus largas cabelleras, aquellos muchachos no tenían ni un pelo de tontos así que en vez de ir a esconderse a yermos y gélidos lugares como Siberia, Alaska o Soria optaron por enclaves más “molonguis” y paradisiacos como Goa o Ibiza. Y así es como estos lugares se convirtieron en referentes mundiales de paz, amor y pantalones de campana.

El inexorable paso de los años, escándalos mediáticos como el caso Charles Manson y la alopecia fueron desprestigiando las bases morales del movimiento que pasó a convertirse en una simple moda estética que como toda moda fue muriendo poco a poco hasta extinguirse por completo.

Pero a pesar de que en la actualidad es más fácil encontrarse por la calle a un hippie que a un lince ibérico copulando con un Dragón de Komodo, existe un mágico lugar donde aún resiste una pequeña población en libertad: Ibiza.

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Pues bien, el otro día un servidor tuvo el tremendo honor de avistar a un hippie auténtico, o por lo menos así es como se refería a si mismo aquel ser humano al que a partir de ahora llamaré Pitidos (más adelante entenderás porqué).

Pitidos es un hippie “de los de verdad y no de los de plástico que hay ahora” y que siempre habla en plural sobre su clan, empezando todas las frases con “nosotros lo hippies”:

  • Nosotros los hippies vivimos de lo que hacemos con nuestras manos”

El siempre jocoso azar quiso que en ese momento mi mirada se deslizase hasta su mano izquierda, la cual rascaba alegremente su entrepierna. Aquella imagen me pareció pura poesía.

  • Nosotros los hippies no vivimos en casas, vivimos en las cuevas porque estamos al margen de la sociedad”.
  • Nosotros los hippies no le damos el apellido a nuestro hijos, por lo que pueda pasar (…) Yo tengo 3 hijas con 3 mujeres diferentes y no me hablo con ninguna de las 6. Al nacer sus madres me preguntaron que qué apellido las ponían y yo les dije a las tres lo mismo: el que queráis menos el mío.”
  • Nosotros los hippies… ¿me invitas a una cerveza?

Un par de tragos más tarde el ego de pitidos fue ganando terreno a su hippismo y la primera persona del plural pasó a ser primera persona del singular:

  • Yo una vez me comí un tripi en un avión”
  • Yo he vivido en las ciudades más caras del mundo; Sídney, Los ángeles, Londres… y nunca jamás he pagado un solo euro por una casa, siempre de okupa”.
  • Yo jugué 3 años en el Real Madrid, en la quinta de Camacho. Después fui árbitro de fútbol durante 33 años más”.

Como prueba irrefutable de aquel dato, mi nuevo amigo sacó un roído silbato que llevaba colgado al cuello y comenzó a hacerme una extensa exhibición de sus pitidos más laureados.

Tras aquella demostración de fuerza y por si quedaba en mi alguna duda de que la suya había sido una vida de película, Pitidos me miró a los ojos y me dijo: “¿Tú conoces a Pili y Mili?”. Me suenan, le respondí. ¿No eran unas hermanas gemelas que hacían películas en los 70?. “Efectivamente chaval, pues que sepas que yo me follé a Mili”.

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No me preguntéis porqué pero aquel tipo me cayó la mar de bien y al final de la noche acepté llevarlo en mi coche hasta la iglesia de Sant Jordi donde suele dormir algún que otro viernes. De camino me dijo que él había dormidos en todas las iglesias de la isla y seguidamente me hizo un estudio pormenorizado de los pros y contras de todas ellas. En el “top one” de su Hippi-Advisor estaban la iglesia de Sant José: “Qué pórtico tan acogedor, aquello sí que es un 5 estrellas”. Si, 5 estrellas de belén, le respondí, pero o no me escuchó o mi humor de broca gorda no le hizo ni puta gracia.

Al despedirnos Pitidos me dijo que cuando quisiera podía ir a verle a su cueva y que podía quedarme a dormir si quería. Le dije que soy más de dormir en casas pero aun así le prometí que un día le iría a visitar. Pasados 15 días cumplí con mi promesa y lo que allí viví fue una experiencia más que religiosa…. Pero eso te lo contaré la próxima semana ;)

Pocholo, el monstruo de Las Pitiusas.

(Por Pablo Burgués)

Por muy escéptico que uno sea, es imposible ir al lago Ness y no fantasear por un momento con la idea de ver salir de entre las aguas al mítico Nessie. Lo mismo sucede con El Yeti si te vas a hacer un trekking por Tibet. Pues bien, en Ibiza también tenemos nuestro propio ser de leyenda Typic d’aquí. Se trata de un mágico y escurridizo ser con el que sueña encontrarse todo aquel que pasa por esta isla. Todos aquellas personas que aseguran haberlo visto (siempre de noche) coinciden en que se trata de un macho alfa en edad reproductora, pero lo que nadie ha podido decir con exactitud es su edad ni medio de subsistencia. Si amigas, estoy hablando del auténtico monstruo de las pitiusas, del big foot del mediterraneo: el gran Pocholo.

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Pues bien, yo he sido uno de esos pocos elegidos que ha tenido la tremenda fortuna de encontrarse cara a cara con este salvaje animal y vive para contarlo… Y vaya que si te lo voy a contar.

Una tarde me llamó una amiga por teléfono y me dijo que le habían hablado de un mirador desde donde se veían los atardeceres más increíbles de Ibiza. Al parecer el lugar estaba en lo alto de una colina dentro del Parque natural de ses Salines. La gracia es que al caer el sol sobre las piscinas de las salinas estas reflejan la luz del atardecer creando un efecto espejo espectacular. Mi amiga me preguntó que si la acompañaba en busca del mágico mirador y tras ver esta increíble foto le dije que sí.

U_sunset_ses_salines_ibizaBueno la verdad que aunque me hubiese mandado la foto de un vertedero nuclear ilegal de Bangladesh también habría dicho que si ya que la muchacha está buenérrima de la muerte y los atardeceres los carga el diablo.

Al llegar a las salinas dejamos el coche a los pies de la colina y comenzamos a ascender por un pequeño camino de piedras. Pronto ese camino terminó y tratamos de seguir subiendo por una diminuta senda de tierra. Cuando nos dimos cuenta estábamos caminando campo a través y la maleza era cada vez más densa. No tuvimos más opción que aceptar deportivamente nuestra derrota, darnos la vuelta y tratar de volver otro día con más información.

Al bajar pasamos junto a una pequeña casa en cuyo jardín estaba aparcado un enorme camión que parecía sacado del mismísimo Paris-Dakar. Al acercarnos vimos que el capó del vehículo estaba abierto y de él sobresalían las piernas desnudas de un tipo. Ante una imagen tan inquietante mi madura y racional lógica interna no tardó en disfrutar con la idea de que se tratase un malvado Transformer engullendo a un hombre. Sin embargo la realidad siempre supera a la ficción…

Nuestra sorpresa fue enorme cuando vimos salir a la supuesta presa de las tripas del camión y comprobamos que se trataba del mismísimo Pocholo en calzoncillos. Antes de que pudiésemos articular palabra, Pocholo me hizo a un lado y con un rápido movimiento de felino se abalanzó sobre mi amiga. “¿Te acuerdas de mí verdad?”, dijo, “nos conocimos en Sevilla cuando estuve grabando mi reality para televisión”. Mi amiga le dijo que se equivocaba de persona pero que si nos decía como llegar al mirador que estábamos buscando serían amiguitos para siempre.

Pocholo nos dijo que nos olvidásemos del mirador, que eso eran tonterías y que tenía un plan mucho mejor para nosotros: “muchachos, esta colina está llena de espárragos, riquísimos espárragos salvajes. Así que lo que tenéis que hacer es ir subiendo y coger todos los espárragos que encontréis. Cuando lleguéis arriba veréis una cueva, entráis en ella, hacéis un fuego, asáis los espárragos, os lo coméis y después… (pausa dramática) …después hacéis el amor!”. Jajajajajaja, me pareció el consejo más grande, delirante e improbable que un ser humano en paños menores puede dar a un desconocido y por eso siempre amaré a este hombre.

POCHOLO

La verdad que el tipo fue super amable con nosotros en todo momento e incluso nos ofreció pasar a su casa a tomar algo, pero tuvimos que declinar la oferta ya que queríamos ver el atardecer sobre las salinas y se nos estaba haciendo tarde. Al despedimos Pocholo me agarró fuertemente de los hombros, me miró a los ojos y me dijo dos palabras, sólo dos, pero tan llenas de sabiduría como toda la Biblia, el Corán y la Torá juntos: “chaval préñala”.

Traté por todos mis medios de cumplir con aquella loable misión que se me había encomendado pero muy a mi pesar no lo conseguí. Lo sí que logré fue cenar espárragos y no porque me fuera de antojo a comprarlos al Mercadona, sino porque contra todo pronóstico Pocho tenía razón y toda la zona estaba llena de esparragueras salvajes que fuimos recogiendo de camino al coche.